Pulso
Matutinas de Paraty
Un recorrido matutino por las calles del centro histórico de Paraty, Brasil. Mayo de 2026.
Desde el balcón se perciben las primeras brisas de la mañana, y aunque estamos en otoño, el calor empieza a hacerse sentir lentamente con la llegada de los rayos del sol.
De a poco, los locales comerciales empiezan a abrir sus puertas a los primeros curiosos que recorren el pueblo en busca de artesanías y aventuras.
El desayuno, con café brasileño, para ir juntando energías para los recorridos que vendrán. Las abejas no esperan su turno y, muy insistentes, se atreven a tomar pequeños sorbos.
La abundante vegetación se impone a lo lejos, recordando como un abrazo, su omnipresencia. Las calles empiezan a sentir los pasos de los visitantes que buscan la sombra ante el sol insistente.
Desde mi mesa, observo a las aves que no paran de girar en ronda y se recorta un pedazo de cielo sobre los tejados de las casas antiguas.
Los viejos tejados no pueden esperar las inclemencias de la humedad y el sol. De repente, me sorprende el saludo de quien ya se está encargando de mantener la salud de los antiguos techos.
Algunas calles que están cerca de la costa, muchas veces amanecen inundadas. Pero esta vez, el agua fue poca, y sólo quedaron charcos a la espera de evaporarse mientras se acerca el mediodía.
La humedad hace su trabajo sobre los tapiales antiguos, y de cerca, entre musgos, aparece un paisaje arbolado en miniatura.
Casi es mediodía y ya es necesario protegerse del sol. Los tonos y texturas del sombrero se confunden con el alma de la selva, mientras su dueño busca un destino incierto.